2 Andrea

Andrea siempre fue muy puta y calentona. Desde que, cuando era chica, vió a la mucama chupandolé con avidez la pija al portero del edificio donde vivía, su vida sexual evolucionó vertiginosamente. Hasta ese momento no había pasado de unas inocentes pajas y una que otra banana o salchicha metida en la concha.

Al ver la cara de felicidad que tenía el portero, mientras que de su poronga brotaban inacabables chorros de semen que iban a parar a la boca y al resto de la cara de la mucama, se puso como meta en la vida hacer que esa felicidad se repitiera en muchos hombres gracias a ella.

Comenzó con su compañero de estudios una tarde en que preparaban matemáticas para rendir un examen. Sin decir palabra que insinuara su intención, le abrió la bragueta, buscó dentro del calzoncillo y agarrandolá se metió en la boca la pequeñita pija que enseguida comenzó a crecer de tamaño y grosor ante la sorpresa del muchachito que dejaba hacer por demás complacido.

Andrea vió que a pesar de tener la felicidad reflejada en el rostro, la poronga del compañero no largó tanta leche como la del portero. Apenas un buchecito, que ante la duda de escupirlo o tragarlo, se lo tragó con gusto.

El pibe, como es de suponer, desparramó la noticia entre sus amigos y a partir de ese momento a Andrea no le faltaron compañeros de estudio y experimentadores de la mamada de pija que, con tanta práctica, fué perfeccionando hasta la maestría.

Sin proponérselo Andrea, que era una alumna brillante, consiguió elevar, además de las pijas del alumnado, el nivel intelectual de la escuela.

Se la había chupado a todos pero de coger, poco y nada. Sexualmente ella hizo grandes progresos gracias a un preceptor que la inició en la variante de la penetración. Comenzó gozando al ser cogida tradicionalmente por la vagina y pronto supo, luego de varias metidas de dedos y pequeños consoladores, sobre lo placentero de tener una buena verga bombeandole el culo, cosa que la enloqueció convirtiendose en una fanática militante del sexo anal.

Cuando estaba por recibirse de abogada, la madre comenzó a organizar la boda con su “noviecito” y remachador oficial, una monumental verga con un cerebro inexistente, pero de buena familia. Ella la dejó hacer sin decir nada pero conjuntamente con el título se consiguió un pasaje de avión, escapandosé a Europa y dejando a su madre con las invitaciones en la mano.

Sin el respaldo económico de sus padres tuvo, por primera vez en su vida, que conseguirse el sustento.

Práctica como era, enseguida encontró una solución. Comenzó a cobrar por lo que hasta ese momento hacía por puro placer. Cada polvo venía acompañado por un considerable regalo en efectivo.

Viajó por casi todo el mundo conociendo y cogiendo profesionalmente, se convirtió en una puta fina y fue una etapa de su vida que disfrutó ampliamente.

Cuando su padre, a quien adoraba, enfermó gravemente ella decidió volver.

Fué un período desgarrante y duro que se llevó, además de la vida de su padre, la fortuna de la familia, sólo les quedó el prestigio del apellido y una pequeña pensión que ayudaba a la madre a sobrevivir.

Esto a ella la afectó sólo sentimentalmente ya que era dueña de una independencia económica que le permitía hacerse cargo de la madre.

Desarrollaba su actividad en un nivel social alto. Su cultura y su agradable naturaleza, además de un cuerpo armónico donde se destacaba su par de tetas grandes y duras, le permitían moverse comodamente en un medio con alto poder adquisitivo.

En un crucero sexual conoció a un exitoso empresario, de presencia impecable que quedó prendado de su belleza y sobre todo de sus dotes de cogedora calentona e insaciable. Totalmente subyugado le propuso un contrato matrimonial, muy tentador para ella, y como no condicionaba su fidelidad sino sólo exigía suma discresión, lo aceptó.

Hay que aclarar que además el susodicho era poseedor de una considerable verga que la volvía loca cuando la tenía en cualquiera de sus cavidades eróticas.

Con casi todas sus necesidades satisfechas, con una sólida cuenta bancaria y una vida sexual muy activa, su marido era un adicto sexual con un amplio espectro de gustos sin intención de curarse, sus aventuras personales se convirtieron en esporádicas. Las tenía, por lo general, cuando él viajaba y ella no lo podía acompañar por alguna razón.

Pasaron muchos años “tranquilos y apacibles”. Actualmente a sus cincuenta y cinco años Andrea sigue siendo una señora de gran belleza, conserva intacto su instinto sexual con sólo algunas variantes. Ahora le encantan los jovencitos… y sobre todo, las jovencitas.

En este plan estaba cuando la conoció en un boliche gay, donde solía tomar una copa, y se fue con ella a su refugio, un coqueto departamento donde vivía las escapadas sexuales.

La chica era muy atractiva, morocha de grandes ojos verdes con una extraña pero intensa belleza.

Andrea estaba muy excitada con su conquista y presentía una placentera noche. Sensación que se cumplió y no fué afectada ni siquiera al encontrarse, cuando iba decididamente a chuparle la concha, con una preciosa verga y un par de bolas.

Andrea sintió incrementar su morbo, increiblemente a pesar de todo lo vivido nunca había estado con un travesti.

Lo gozó intensamente, era hermoso chuparse unas hermosas tetitas mientras en su concha sentía que una dura pija hacia todo para darle placer con el agregado que ambos estímulos venían de una misma persona. Fueron polvos arrasadores que le provocaron agudos orgasmos. Andrea estaba jugueteando con sus dedos en el ojete de “ella” cuando sonó el celular de Vanesa, en realidad Jorge.

Era Patricia, su novia.

-Estoy con una amiga, ¿vos?

Le comentó que aburrida de la fiesta donde estaba se iba para su casa.

-¿Porque no pasas a buscarme? –invitó Vanesa y ante la aceptación le dijo como llegar.

-¿Es tu novia? –preguntó Andrea.

-Es mi novia y mi novio, no sabes como me hace el culo. Nunca nadie me cojió como ella. ¿te gustaría probarla?

Ante la posibilidad de extender la fiesta, Andrea dijo que sí entusiasmada.

Patricia era realmente hermosa, además tenía un enigmático toque masculino que la hacía más excitante.

Andrea comprobó la maestría con que usaba el arnés de tremenda chota en la vagina pero especialmente cuando se lo metió morosamente en el culo. Llegó a un orgasmo único mientras Vanesa le mamaba la concha. En un momento de gran gozó tuvo las dos pija dentro suyo. Mientras Vanesa se la metía en la concha, Patricia con su arnés le hacía delirar el orto.

También disfrutó cuando ella se puso el arnés, culminando las largas horas de placer con Andrea cogiendosé a las dos alternadamente. El pico más alto llegó haciéndole el culo a Vanesa, mientras le pajeaba ya dura pija que acabó llenando de semen la boca y la cara de Patricia.

Ya de madrugada los chicos se fueron, sola descansaba evocando los momentos placenteros vividos con su nuevos amigos y se le ocurrió una genial idea para festejar su aniversario de casamiento.

Organizaría una intima reunión donde los principales invitados serían Patricia y Vanesa, a su marido le encantaría, se lo imaginaba garchandose a Patricia y a ella mientras Vanesa se lo cogía por el orto. Se durmió acariciandosé suavemente el clitoris en una última paja.

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